Libertad religiosa en Colombia es el eje de las reflexiones compartidas por Pedro Miguel Niño, presidente de ACN Colombia (Ayuda a la Iglesia que Sufre), a raíz de su participación en la Jornada Nacional de Oración por las víctimas del terremoto, encuentro en el que participaron fieles católicos y miembros de diversas denominaciones religiosas. El acto, sumado a otros gestos durante la posesión presidencial, generó variadas críticas, pero también movilizó a numerosos ciudadanos a defender públicamente el derecho del mandatario a expresar su fe. Desde esta coyuntura y apoyado en la labor de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), a través de su Informe sobre Libertad Religiosa en el Mundo, el directivo presentó una serie de consideraciones fundamentales.
Defensa de la fe y el derecho de los gobernantes
En su pronunciamiento, el presidente de la fundación pontificia subrayó que el ejercicio de un cargo público no debe limitar las garantías individuales ni restringir las convicciones personales:
«No podemos convertir a nuestros gobernantes en ciudadanos de segunda clase. No es posible pretender que, por haber sido elegidos para ejercer un cargo público, dejen de tener los mismos derechos que todos los demás habitantes del país. Y uno de esos derechos fundamentales es el derecho de cada persona a vivir según su fe. Un presidente no pierde su libertad religiosa por convertirse en presidente».
«No podemos obligar a un país que elige a un gobernante por unas propuestas, unos valores y una fe a que, tan pronto ese gobernante sea elegido, deba esconder su fe. Eso sería un irrespeto a la voluntad popular. Si los ciudadanos conocían sus valores, sus convicciones y su fe cuando votaron por él, no se puede pretender que, al asumir el poder, tenga que ocultarlos».
«La libertad que no se defiende es la primera que se pierde. Esto lo hemos visto una y otra vez. Nuestras democracias son frágiles y hemos visto con tristeza lo que ha ocurrido en Nicaragua, Cuba y Venezuela, para nombrar solamente algunos países cercanos a Colombia. Las libertades empiezan a perderse cuando la sociedad deja de defenderlas con claridad».
Dimensión integral de la libertad religiosa en Colombia
El comunicado enfatiza que este derecho no se reduce únicamente a la libertad de culto, sino que constituye un derecho humano fundamental de alcance universal, amparado en el Artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este marco protege el derecho a tener, conservar o cambiar de religión, así como a profesarla, expresarla, divulgarla, enseñarla y manifestarla mediante la práctica y la observancia, tanto en privado como de manera pública.
«La libertad religiosa no protege solamente el derecho a creer ni simplemente el derecho a entrar a un templo. Protege también el derecho a vivir públicamente y de manera coherente con la propia fe».
Impacto social, objeción de conciencia y derechos de la familia
Esta garantía democrática involucra aspectos clave de la vida comunitaria e institucional:
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Educación familiar: El derecho prioritario de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones y fe, resguardando la patria potestad.
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Libertad de conciencia en salud: La protección de médicos y profesionales sanitarios que enfrentan presiones laborales o discriminación al negarse a practicar el aborto.
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Función pública: El respaldo a funcionarios estatales para actuar sin coacciones contrarias a sus principios más profundos.
«No estamos hablando, por tanto, de una concesión que el Estado les hace a los creyentes. Estamos hablando de un derecho humano fundamental. Por eso debemos defenderlo con claridad. Porque la libertad que no se defiende es la primera que se pierde».
