Siria. De prisionero amenazado de muerte a arzobispo

Jacques Mourad fue prisionero del Estado Islámico durante cinco meses hasta que logró escapar. Ahora ha sido nombrado arzobispo siro-católico de Homs.

“Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) celebra esta decisión, pues, durante su calvario, el padre Jacques siguió dando firme ejemplo de los valores cristianos, apoyando a sus fieles y dando testimonio ante quienes los perseguían. Ahora, como obispo, está en una posición inmejorable para seguir animando a los cristianos a permanecer en su tierra y a ser fieles a sus creencias, pero también a entablar un diálogo con los musulmanes y a trabajar en pos de una convivencia pacífica”, afirma Regina Lynch, la directora de proyectos de la fundación pontificia.

El arzobispo electo Jacques Mourad nació en Alepo (Siria) en 1968. Realizó sus estudios de seminario en el Líbano y es licenciado en Filosofía, Teología y Liturgia. Es sacerdote desde 1993 y habla árabe, siríaco, francés, inglés e italiano.

Para muchos sacerdotes, ser nombrado obispo puede ser una perspectiva aterradora, pero es difícil asustar a un hombre que pasó meses encerrado en un cuarto de baño bajo amenazas diarias y que incluso fue sometido a un simulacro de ejecución por negarse a renunciar a su fe.

El padre Jacques Mourad dirigía el monasterio sirio de Mar Elian en 2015, cuando la región fue invadida por los yihadistas del Estado Islámico (EI).

Durante su etapa como sacerdote en las vecinas Al Qaryatayn y Mar Elian, también colaboró con ACN, que financió allí varios proyectos, entre ellos la renovación y construcción de infraestructuras en el monasterio y el suministro de alimentos, medicinas y demás ayudas para la población local.

Los terroristas secuestraron primero al padre Jacques y a un postulante, Boutros, antes de apresar a casi toda la población cristiana de Al Qaryatayn, a la que él había servido como sacerdote.

Los cristianos fueron sometidos a torturas psicológicas y físicas, pero no renunciaron a su fe. “Me sermoneaban, me amenazaron varias veces con decapitarme y me sometieron a un simulacro de ejecución por negarme a renunciar a mi fe. En aquellos momentos resonaron en mí las palabras de nuestro Señor: ‘Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad’. Y en aquella situación, también me alegré de poder vivir de forma concreta las palabras de Cristo del evangelio según san Mateo: ‘Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldigan, haced el bien a los que os odian y rezad por los que os persiguen y os calumnian’”, explicaba el padre Jacques en 2017 a los asistentes a la Noche de los Testigos en París, un acto organizado por ACN Francia.

Al final, se permitió a la comunidad cristiana regresar a lo que quedaba de Al Qaryatayn y el monje a su monasterio e incluso celebrar servicios religiosos, pero se les prohibió a todos abandonar el lugar.

Poco después y temiendo que la situación volviera a empeorar, el padre Jacques decidió escapar y, una vez en libertad, coordinó la huida del resto de la comunidad cristiana. “Le pregunté a un amigo musulmán si podía ponerme a salvo con su moto. Salimos atravesando el desierto y milagrosamente no pasó nada. Tres días más tarde pudimos liberar sucesivamente a 58 personas en pequeños grupos, hasta que todos los rehenes cristianos lograron escapar a través del desierto, ¡y siempre con la ayuda de amigos y vecinos musulmanes!”, contaba en 2016 el padre Jacques a ACN en una entrevista.

El padre Jacques se trasladó después durante un tiempo a Europa, donde abogó por el fin de la guerra y defendió un enfoque no violento de las relaciones entre cristianos y musulmanes, recordando cómo la actitud pacífica de la comunidad había sorprendido e impresionado a sus captores.

Ahora, ocho años después de aquella terrible experiencia, la Iglesia siro-católica, a la que pertenece, le ha elegido arzobispo de la diócesis de Homs, que incluye el monasterio de Mar Elian y la comunidad de Al Qaryatayn. Aunque los yihadistas hayan dejado de ser una amenaza directa, Siria atraviesa una profunda crisis económica que sigue empujando a muchos cristianos a emigrar.

Los seminaristas y sacerdotes te agradecen rezando por ti y por tu familia.