Papúa Nueva Guinea: “En la selva la gente sufre de todo, no tiene nada” cuenta un joven sacerdote

“Papúa Nueva Guinea es una isla muy olvidada en un rincón del mundo. En la isla no hay rutas que comuniquen una provincia con otra, apenas dos o tres provincias están comunicadas, después nada”, dice el padre argentino Martín Prado a la fundación internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en su reciente visita a la sede de la fundación en Alemania.

El padre Prado llegó muy joven a la isla, recién ordenado sacerdote. Su diócesis, Vánimo, se encuentra en el noroeste del país, en un lugar muy apartado: “Para entrar y salir de Vánimo toca ir en avión. Las únicas rutas que hay son para entrar con un vehículo que pueda transitar por caminos en medio de la selva, cruzando ríos, montañas… siempre voy con algunos muchachos que me ayudan a desenterrar el 4×4 cuando queda atascado”, cuenta el sacerdote argentino. Este vehículo fue adquirido gracias a la ayuda de la fundación ACN y “ha sido mi salvación”, afirma el padre.

La selva húmeda tropical, es el “Amazonas” de esa zona del planeta. Es un ecosistema de una gran biodiversidad y todavía muy bien conservado en su estado natural. Esta es una riqueza que los pueblos nativos han sabido aprovechar muy bien y han aprendido a cuidarla. Sin embargo, el padre Prado menciona que la falta de caminos ha hecho que la cultura, el desarrollo y la evangelización se hagan difícil allí. “Todavía visito comunidades a las que solo se llega caminando, en bote o en canoa”, pero gracias al nuevo vehículo el padre ha podido llegar a muchas más personas.

En la diócesis de Vánimo hay todavía mucho por hacer. “En la selva la gente sufre de todo, no tiene nada. Los chicos duermen en el suelo, ayudan a sus mamás a cocinar con fuego, se bañan en el río, caminan descalzos… Donde estoy, en mi parroquia, estoy anunciando el Evangelio por primera vez, bautizando a la gente y hablándoles de Jesucristo”, dice a ACN el sacerdote, miembro de la congregación Instituto del Verbo Encarnado.

Con este “camión”, como dice el padre Prado, han podido prestar varios servicios a la comunidad. El 4×4 les ha servido de ambulancia para las mujeres que han tenido que ir de urgencia a dar a luz al centro médico, para llevar los cadáveres de las personas fallecidas, así como medicinas a los enfermos y transportar materiales para la construcción de las casas de cuatro catequistas y de dos iglesias.

La parroquia del padre Prado se encuentra en la selva, pero está encargado de un proyecto educativo en la costa de Vánimo, donde hay dos escuelas de primaria y están comenzando una de secundaria para mil alumnos. De manera que el padre pasa siete días en la selva y siete días en la costa. “Gracias a Dios yo tengo vehículo, pero hay sacerdotes que visitan a sus comunidades una vez a al año. Me siento orgulloso de ese pick-up. Es un medio de trabajo, de evangelización. Realmente te cambia la vida”, agrega el padre Prado.

 

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