«La Iglesia nunca abandona a sus fieles»

En esta entrevista con Regina Lynch, durante su reciente visita a Colombia, la Directora General de ACN Internacional habla de sus comienzos en la Fundación, del impacto de sus visitas a países con grandes dificultades, del papel clave de la Iglesia en el mundo, de su visión de América Latina y de la grata impresión que le causa la ayuda de los benefactores de estos países.

P: Empezando tan joven en ACN, ¿alguna vez imaginó que se convertiría en la CEO (Directora Ejecutiva)? ¿Cuáles eran sus expectativas en ese tiempo?

R: Empecé a trabajar para ACN en la oficina central, ubicada en Alemania, en septiembre del año 1980. Tengo que ser honesta: no me uní a ACN porque quisiera servir a la Iglesia, sino porque quería mejorar mi alemán. Pienso que Dios tiene sentido del humor porque me encontré sentada con dos estadounidenses, una francesa y una belga, quien hablaba flamenco. No hablábamos en alemán. 

Pero, como dije, Dios tiene sentido del humor, un plan para nosotros y solo fue cuando empecé a trabajar allí que descubrí cuál era el plan de Dios para mi. Él quería mostrarme a esa gente, a esos cristianos que estaban listos para morir por su fe, para sufrir encarcelamientos y morir. 

Conocí a los primeros testigos de ello durante aquellos años, aquellos primeros años, cuando viajé por primera vez a África en 1983 y el primer país que visité fue Guinea, el cual estaba bajo una dictadura marxista. Todos los misioneros habían sido expulsados, la Iglesia había quedado reducida a un pequeño número de sacerdotes y religiosas locales y la cabeza de esa Iglesia era, en ese entonces, el Arzobispo Robert Sarah, de 36 años. 

Era una situación extremadamente difícil y yo estaba tan impresionada, asombrada por su fuerte fe y su confianza en Dios de que esta situación mejoraría. Para mí fue un viaje de descubrimiento, un viaje de fe. 

P: Gracias, y hablando de sus viajes quiero preguntarle: De todos los países a los que ha viajado, ¿cuál o cuáles le han aportado la experiencia más relevante? Y si pudiera compartir un poco con nosotros acerca de ellos.

R: Sí, son muchos. He tenido el privilegio de visitar muchos países del mundo y tengo que decir que los países donde los cristianos son más perseguidos son los que más me han conmovido y de los que he aprendido mucho.

Creo que he ido a China, a Pakistán y a muchos países de Medio Oriente. También he estado en África, en países como Nigeria, del cual conocemos mucho actualmente. Siempre me ha impresionado mucho la fe de la gente, que independientemente de lo que les haya pasado, creen en Dios, confían en que Dios les ayudará, pero también lo que me parece muy fuerte es esa capacidad de perdonar, e incluso a veces amar a sus perseguidores. Ese es un rasgo que se ve en todos los países donde se puede ver a la gente sufriendo; y a pesar de todo, ellos realmente confían en Dios y tienen un sentido de perdón y de reconciliación con aquellos que los persiguen. 

 

P: Conociendo la realidad de los cristianos en muchos países de los que nos contó, ¿cuál piensa que es el sello de nuestra Iglesia? 

R: Es asombroso lo que nuestra Iglesia hace en tantos países del mundo y una de las lecciones que he aprendido es que la Iglesia nunca abandona a su pueblo y Dios nunca abandona a su pueblo. Esto lo pudimos ver recientemente al inicio de la guerra en Ucrania. Los obispos, los sacerdotes y las religiosas se quedaron con los fieles en el este del país, sabiendo que se producían bombardeos. Recuerdo que durante una de las guerras en Irak, cuando Saddam Hussein fue derrocado, la única persona que se quedó, digamos de los países extranjeros, fue el Nuncio Apostólico para Irak. 

Entonces esto es lo que pasa, la Iglesia nunca abandona a sus fieles y es frecuente que en lugares como estos, donde ni el Estado ni el gobierno hacen algo, ayude a la gente haciendo lo que el Estado debería hacer como construir escuelas, clínicas u hospitales. La Iglesia siempre está allí. 

P: La visita a Irak con el Papa Francisco fue una experiencia muy enriquecedora y un honor ¿Cómo ve ese país dos años después de esa visita? ¿Cuál piensa que podría ser el impacto real del Santo Padre en esa ocasión?

R: Tenemos que ser realistas. La situación en Irak no es fácil. Está en la mitad del Medio Oriente, con Irán por un lado y con el conflicto con Israel por el otro. Así que está en una situación difícil. Realmente tengo que decir que lo que ha hecho el Papa Francisco es llevar esperanza a los cristianos de allí. Pienso que uno de los peores sentimientos que podemos tener es estar solos. Que nadie se preocupa por nosotros. 

Recuerdo que cuando la visita del Papa Francisco fue anunciada, mucha gente estaba escéptica: estábamos en medio de la pandemia por el Covid, no había mucha seguridad en Irak y la gente decía: “Él nunca irá”. Pero él fue, porque quería enseñarles que le importaban los católicos de todo el mundo, que a él le importaban ellos. Y cuando estábamos allí, uno de los obispos me dijo: “Sabes, antes de que el Papa Francisco viniera, los iraquíes promedio pensaban que los cristianos eran de fuera del país y que vinieron con los cruzados en la Edad Media”. Y es verdad que durante esa visita del Papa Francisco hubo mucha preparación y expectativa. Los iraquíes comunes se dieron cuenta de que esos cristianos son iraquíes. Que ellos vivían en Irak, sus ancestros vivieron en Irak. Ellos no pensaban que los cristianos han estado allí por dos mil años. Así que esto los hizo tomar conciencia. 

Él vino en paz, habló con los líderes musulmanes, lo cual era muy importante. Desde su visita, el día de Navidad es un feriado público. Y él realmente le dio a la gente esperanza.

Mis colegas viajan regularmente a Irak y hoy, después de esta visita, tantos años después, dicen que la gente ha encontrado esperanza. A pesar de la inestable situación política, hay una esperanza que antes no estaba allí

 

P: Trasladándonos a nuestra región. A partir de las visitas que ha realizado a nuestro continente, y de lo que conoce de nosotros, ¿qué puede decir de la realidad de nuestra Iglesia en América Latina?

R: Pienso que la situación en América Latina de la Iglesia Católica es muy diversa. Tenemos países que tienen un porcentaje alto de católicos como Colombia. Tenemos otros países, por ejemplo Brasil, donde el número de católicos se ha reducido, más gente se está uniendo a las sectas, a las sectas evangélicas. Así que es muy diversa. También tenemos países donde la situación política es muy muy difícil y eso crea dificultades para la Iglesia. Pienso que los ejemplos más obvios son Venezuela, Cuba, pero también, más recientemente, Nicaragua. Me apena cuando vemos países donde la Iglesia católica sufre en América Latina que los gobiernos, los estados no reconozcan la gran contribución de la Iglesia. Como dije, las escuelas, las clínicas y los hospitales ayudan a la gente a salir de la pobreza y a tener dignidad. Realmente deseo que esto sea reconocido por esos países que le hacen la vida muy difícil a la Iglesia Católica. 

 

P: De las visitas que ha hecho, ¿cuál es su impresión de las diferentes oficinas de ACN en América Latina?

R: Somos muy privilegiados. ACN ahora tiene oficinas en Chile, Brasil, México, Colombia y muy pronto esperamos que también en Perú. Para mí es muy increíble. ACN empezó a ayudar a la Iglesia en Latinoamérica en los 60. Era la Iglesia quien recibía, y al inicio de los 90 dijimos: “Saben, quizás algunos de estos países que siempre han estado recibiendo también pueden dar. No solo ayudándose a sí mismos, ayudando a la Iglesia local, sino también ayudando a la Iglesia necesitada fuera de América Latina. La Iglesia donde los cristianos son perseguidos”. 

Así que dimos un salto de fe y dijimos: “creemos que es posible”. Y actualmente las oficinas, en esos países que mencioné, nos han demostrado que esto es realmente un éxito. Por ejemplo, en Colombia, la gente aquí ayuda realmente a otras diócesis pobres de Colombia, pero miran más allá y ayudan a la Iglesia perseguida en África, en Oriente Medio, en Asia.

Y solamente quisiera agradecerles, porque creo que es realmente increíble. Saben, nuestros benefactores no siempre  son los más ricos. Es como la historia bíblica del óbolo de la viuda: gente que tiene poco, da mucho. Dan dinero, pero también dan sus oraciones, rezan por estas iglesias. Y de verdad, doy las gracias a todos los países de aquí, de América Latina, que ayudan a ACN.

 

P: Nos ha contado al principio de la entrevista cuáles eran sus expectativas cuando empezó en ACN, ¿cuáles son sus expectativas ahora desde la perspectiva de ser nueva CEO (Directora Ejecutiva)?

R: Yo le dije alguien que, en un mundo ideal, no necesitaríamos a ACN porque no habría persecuciones a cristianos, ni discriminación, y no habría una Iglesia que sufre.  Lamentablemente, ese no es el caso y los retos actuales son tan grandes como lo han sido siempre. 

Cuando empecé a trabajar en ACN, había el gran reto de la Iglesia perseguida tras la “Cortina de Hierro” en los países comunistas en Europa del Este, durante la Unión Soviética.

Hoy en día, aún vemos muchos gobiernos autoritarios, vemos que aún hay países comunistas, pero menos que antes. El gran reto actual es la radicalización del Islam, en el que los musulmanes tienen como objetivo a los cristianos. Y hemos visto esto cada vez más en países del Medio Oriente, en Pakistán, donde la situación es muy mala, y más y más ahora en África, en la parte occidental en sitios como Nigeria, Malí, Níger, Burkina Faso. Lugares como el norte de Mozambique donde no había este tipo de problemas antes. 

Así que, para mí, los retos son tan grandes como siempre y pienso que debemos continuar haciendo lo que hacemos en ACN. Eso significa crear conciencia, informar a la gente sobre lo que sucede, recaudar fondos para ayudar a los cristianos perseguidos, donde podamos hacerlo, y elevar nuestras plegarias.

Creo que es muy importante que todos recemos por los cristianos perseguidos, para que se mantengan firmes en su fe y tengan fuerzas para resistir esta persecución. Estos son los tres objetivos principales, y si podemos seguir haciéndolo, creo que podremos seguir marcando una gran diferencia en todos estos países.

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