La Iglesia en Goma, capital de Kivu del Norte en el este de la República Democrática del Congo (RDC), mantiene el rumbo y continúa su misión pastoral entre la población local a pesar de que el grupo armado M23 tomó el control de la zona en enero de 2025, alterando profundamente la vida cotidiana. Durante su visita a la sede internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el vicario general de la diócesis de Goma, el padre Henri Chiza, explicó los riesgos a los que se enfrentan los sacerdotes:
«Cuando tenemos que desplazarnos y viajar, es normal sentir miedo y ser conscientes de que existen peligros».
Aunque el movimiento dentro de las ciudades sigue siendo posible en general, salir de ellas se ha vuelto especialmente difícil. Este es el caso de Goma, situada en la frontera con Ruanda y ubicada en una región golpeada por conflictos armados y tensiones regionales durante décadas. Tras la ofensiva y la toma de la ciudad por parte del movimiento armado rebelde 23 de Marzo (M23), surgieron campamentos de desplazados tanto en Goma como en las parroquias vecinas. La Iglesia se movilizó con rapidez: las escuelas recogieron alimentos y artículos de primera necesidad, mientras que el obispo diocesano y las comunidades religiosas organizaron distribuciones de ayuda. Aunque algunas familias han regresado desde entonces a sus aldeas, los desplazamientos forzados han dejado secuelas de miedo, desorientación y duelo.
Entre tanto, la situación militar se mantiene en la incertidumbre. El vicario general describió el panorama:
«Cada bando permanece en sus posiciones, las partes enfrentadas están atrincheradas y no existe contacto entre las fuerzas adversarias».
Aun sin una evolución predecible, continúan registrándose enfrentamientos esporádicos. Este conflicto bélico ha paralizado la economía local: las restricciones a la circulación dañan el comercio, múltiples bancos y empresas han cerrado sus puertas, y la población apenas percibe beneficios de la riqueza mineral de la zona, abundante en oro, litio y diamantes.
Permanecer cerca de los fieles: la misión de la Iglesia en Goma
Frente a la guerra y las dificultades que genera, la Iglesia sigue decidida a acompañar a la población y continuar su misión evangelizadora, manteniéndose al margen de las estrategias políticas de los grupos armados. El padre Chiza subrayó esta postura:
«Simplemente tratamos de mantenernos dentro de nuestro ámbito y continuar la labor de evangelización, que es nuestra razón de ser y nuestra motivación. En conjunto, no hemos cerrado ninguna parroquia».
Un ejemplo de esta perseverancia se vive en Birambizo, donde una parroquia que había sufrido la destrucción de sus edificaciones reabrió sus puertas con el regreso de dos sacerdotes y un diácono. En general, el clero diocesano no se ha visto obligado a abandonar sus destinos pastorales, a pesar de que la inseguridad, las carencias materiales y el dolor de los fieles pesan enormemente sobre su ministerio diario.
Esta presencia resulta crucial para las nuevas generaciones. Varios jóvenes, incluso aquellos que rondan los treinta años, nunca han conocido un periodo de vida sin guerra. Ante esta dura realidad, el padre Chiza transmitió un mensaje rotundo de esperanza:
«¡La guerra no tendrá la última palabra!».
A través de homilías, centros educativos y diversas actividades pastorales, la Iglesia ayuda a la juventud a encontrar sentido a su existencia en medio del caos, alentando la esperanza de que la paz retornará.
El sustento del clero y el apoyo solidario de ACN
ACN apoya activamente a la Iglesia en Goma a través de asistencia a seminarios y seminaristas, becas de estudio, apoyo a la construcción de residencias religiosas y monasterios, y estipendios de misa para los sacerdotes. En el país, la tradición marca que los fieles contribuyan al sostenimiento sacerdotal; sin embargo, la crisis económica ha vuelto estas aportaciones casi imposibles. En este contexto, los estipendios de misa permiten al clero adquirir artículos esenciales, como ropa y calzado, e incluso brindar ayuda básica a familiares a su cargo, asegurando su permanencia pastoral junto al pueblo de Dios en tiempos de crisis.
Durante su estancia en la sede internacional de ACN, el vicario general expresó su agradecimiento a los benefactores por un auxilio que genera «un impacto considerable en la diócesis y en el bienestar de su población», destacando además la ayuda de emergencia recibida:
«Durante los peores momentos de la guerra, recibimos ayuda de ACN simplemente para alimentarnos, para seguir con vida».
Finalmente, invitó a la comunidad internacional a unirse en oración por la paz en la RDC, por los sacerdotes y religiosas, y por todos los damnificados por la violencia:
«El vínculo más importante que debemos construir es el de la oración».
El sacerdote concluyó asegurando que la Iglesia local no se siente abandonada, pues sabe que cuenta con las oraciones del Santo Padre, la solidaridad de la Iglesia universal y el respaldo fraterno de los benefactores de ACN.
