La Guerra en Sudán, que dura ya tres años, ha sumido al país en la mayor crisis humanitaria del mundo, advierte el padre Diego Dalle Carbonare. En una entrevista con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el misionero comboniano resaltó que existe una responsabilidad colectiva para mantener la paz, incluso en los lugares que el mundo parece haber olvidado. Según la enseñanza de la Iglesia, vivimos en un hogar común donde el sufrimiento de civiles, mujeres y niños en África debería ser preocupación de todos.
Responsabilidad ciudadana y la Guerra en Sudán
El padre Diego enfatiza que la omisión frente a estos conflictos tendrá consecuencias espirituales y políticas. Sostiene que los ciudadanos deben responsabilizar a sus gobiernos por su compromiso con la paz global y la regulación del comercio de armas y oro que financia el conflicto sudanés.
“Todos creemos en el Juicio Final. Un día, Dios nos preguntará… y las guerras olvidadas serán una gran pregunta sorpresa para muchos”.
El retorno de la fe y la reconstrucción en Jartum
Tras 27 meses de enfrentamientos, el ejército ha tomado el control de la capital, permitiendo el regreso de la comunidad cristiana. Antes del inicio de las hostilidades, los cristianos en el país sumaban un millón de personas. El reinicio de la vida sacramental ha sido fundamental:
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Se han vuelto a celebrar misas y confesiones en Jartum.
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La confesión actúa como una herramienta para pasar del sufrimiento a la reconstrucción del alma.
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La reconstrucción material y educativa es urgente, ya que muchos colegios perdieron alumnos y docentes.
Historias de dolor y esperanza entre las cenizas
La Guerra en Sudán ha dejado testimonios desgarradores, como el de un profesor capturado y torturado hasta la muerte poco antes de casarse. Sin embargo, también surgen relatos de valentía fundamentados en la fe. El padre Diego compartió la historia de una profesora viuda que enfrentó a paramilitares de las Rapid Support Forces (RSF) cuando intentaron robarle y amenazarla de muerte.
“Ella contestó: ‘Vale, haced lo que tengáis que hacer, pero recordad que quien a espada mata, a espada muere’… Ellos se asustaron… Ella replicó: ‘Es del evangelio, ¿no lo sabéis?’. Y ellos huyeron”.
Al día siguiente, los agresores regresaron para pedirle perdón, demostrando el poder de la Palabra de Dios en medio del caos. Actualmente, ACN apoya a la Iglesia en Sudán con 15 proyectos activos para reconstruir la comunidad, aunque el misionero insiste en que la mayor necesidad sigue siendo la oración.
