Lleve esperanza a los más vulnerables.
A menudo imaginamos a Costa Rica como un paraíso de paz y naturaleza exuberante. Sin embargo, más allá de esa imagen de postal, existe una realidad silenciosa y dolorosa, marcada por las desigualdades, la exclusión y la violencia.
En medio de este escenario, la Iglesia Católica no se detiene; camina al lado de los olvidados y de quienes han perdido la esperanza. Hoy le invitamos a sostener los brazos de sacerdotes, religiosas y laicos que están dando la vida en las periferias.
Tres obras maravillosas de amor y restauración.
Su ayuda es el motor que impulsa el Evangelio en este país centroamericano. Conozca cómo puede transformar esta realidad

El camino hacia las periferias
El Padre Javier Hernández Quirós y los Misioneros Claretianos necesitan una camioneta Toyota Hilux 4x4. Esta es la única herramienta que les permitirá cruzar montañas y caminos de difícil acceso, en trayectos de hasta 7 horas, para llevar ayuda pastoral y social a comunidades campesinas e indígenas.

Un santuario de paz para el que huye
En el Hogar Misericordia en San José, la Hermana Nelly Ortega Espinal y su congregación acogen a cientos de migrantes. Necesitan adecuar un área de 50 metros cuadrados con cerámica y una puerta de vidrio para aislar el ruido externo y crear una verdadera capilla: un refugio donde las almas rotas por el exilio puedan sanar.

Sembrando esperanza en la sociedad
Frente a la crisis de valores, el Obispo de Alajuela requiere 500 copias del libro DOCAT. Estos libros formarán a jóvenes y laicos en la Doctrina Social de la Iglesia, convirtiéndolos en multiplicadores de paz y líderes de una sociedad más justa.
Su generosidad es la respuesta a sus oraciones.
No permita que la distancia, el ruido o la falta de recursos apaguen la luz del Evangelio en Costa Rica. Con su generosidad, los kilómetros se transforman en obras de amor. Es una siembra de esperanza directa en el futuro de un país que clama por auxilio y consuelo.
Sea parte de esta gran cadena de amor por la Iglesia.
Únase a ACN y transforme la realidad de miles de hermanos costarricenses y migrantes. Su compromiso constante es lo que permite que ninguna familia vulnerable se quede sin el abrazo de la Iglesia.