La crisis en Nigeria atraviesa un momento desgarrador en la diócesis de Wukari, estado de Taraba, donde grupos armados —pertenecientes mayoritariamente a milicias fulani— han provocado una grave emergencia de seguridad. Mons. Mark Nzukwein, obispo de Wukari, denunció en entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) una preocupante escalada de violencia: en las últimas semanas, más de siete presbiterios y residencias sacerdotales han sido atacados y vandalizados. Aunque no se registraron heridos gracias a evacuaciones previas, estos ataques parecen ser una represalia contra las manifestaciones pacíficas del 12 de febrero de 2026, convocadas tras el asesinato de 80 fieles y ataques a más de 200 comunidades.
Un éxodo masivo provocado por la crisis en el norte de Nigeria
La violencia ha desencadenado una huida masiva que Mons. Nzukwein describe como un calvario. Actualmente, más de 90.000 fieles se encuentran desplazados, moviéndose constantemente de un lugar a otro con sus pertenencias. Muchos de ellos rechazan acudir a los campos de refugiados por temor a ser olvidados o convertirse en objetivos fáciles para las milicias.
“Mi pueblo está viendo un éxodo. (…) No quieren ir a los campos porque allí son olvidados, como aparcados, nadie se acuerda de ellos. Además, con la época de lluvias que está llegando, la situación será aún más terrible”.
Esta crisis humanitaria se agrava con la falta de alimentos y la interrupción de la educación, lo que pone en riesgo el futuro de miles de jóvenes que podrían ser reclutados por grupos criminales. El obispo también denunció la impunidad y la falta de acción del gobierno federal ante el número desbordante de bandidos.
Fe encarnada frente a la tragedia y el martirio
A las agresiones de las milicias se sumó un desastre accidental el 4 de marzo de 2026, cuando un incendio causado por una descarga eléctrica redujo a cenizas la catedral de la diócesis. A pesar de que «humanamente parece que nos están arrebatando todo», el obispo encuentra esperanza en la solidaridad de su pueblo, incluyendo a protestantes y musulmanes que han ofrecido su ayuda.
“La Semana Santa para nosotros no es un hecho histórico, es la vida, está encarnada en mi pueblo. Estamos siendo probados y es un privilegio. (…) Con la ayuda de Dios seguimos llevando nuestra cruz. Somos parte del martirologio del siglo XXI”.
Mons. Nzukwein relató a ACN cómo los atacantes intentaron incluso quemar una cruz colocada en un presbiterio abandonado, simbolizando la persecución que sufre la comunidad. ACN continúa apoyando a la diócesis de Wukari con ayuda pastoral y de emergencia para acompañar a los fieles en medio de esta tragedia.
