La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) lamenta profundamente la trágica pérdida de dos religiosas de la Congregación de las Hermanitas de Santa Teresa del Niño Jesús, brutalmente asesinadas por bandas armadas en Mirebalais, aproximadamente a cincuenta kilómetros al noreste de la capital haitiana, Puerto Príncipe.
Las dos hermanas, sor Evanette Onezaire y sor Jeanne Voltaire, estaban en misión en Mirebalais el pasado lunes cuando, debido a los ataques de bandas armadas, se vieron obligadas a refugiarse con otras personas en una vivienda. Lamentablemente, los atacantes descubrieron su escondite y asesinaron a todo el grupo.
El hecho de que las bandas armadas hayan comenzado a operar también en Mirebalais, una zona ubicada a decenas de kilómetros de la capital —que ya está prácticamente dominada por la delincuencia—, refleja el grave deterioro de la situación en el país en los últimos días.
“Durante este ataque hubo varios asesinatos, incluidas las dos hermanas de la congregación local de las Hermanitas de Santa Teresa del Niño Jesús. Todos los prisioneros se han fugado y los bandidos ocupan la ciudad», confirmó monseñor Max Leroy Mésidor, arzobispo de Puerto Príncipe, a ACN el miércoles por la noche.
Marco Mencaglia, director de proyectos de ACN, quien visitó la congregación en Mirebalais durante uno de sus viajes a Haití —pues es una de las comunidades religiosas que la fundación apoya en el país—, expresó su profunda consternación por la muerte de las dos religiosas y la creciente violencia en Haití, que ha alcanzado niveles alarmantes y afecta gravemente a la Iglesia local:
“Pedimos por su eterno descanso, por sus familias y por la seguridad de la congregación. Desde ACN , reiteramos nuestro apoyo y nuestra solidaridad con la Iglesia haitiana, y hacemos un llamado urgente a la oración ante la escalada de violencia y su devastador impacto en la comunidad”, manifestó Mencaglia.
En declaraciones exclusivas a ACN, monseñor Mésidor explicó el empeoramiento de la situación en el país y cómo la crisis, agravada por el resurgimiento de la violencia de las bandas, afecta de manera drástica la presencia de la Iglesia en la capital:
“Veintiocho parroquias del arzobispado de Puerto Príncipe están cerradas, mientras que alrededor de cuarenta funcionan a un ritmo reducido debido al control de las bandas en sus barrios. Los sacerdotes se han visto obligados a huir, buscando refugio con sus familias o con otros clérigos. Necesitan ayuda. El arzobispado también está en una situación crítica», relató el arzobispo.
“Aquí en Haití, nuestra Cuaresma está siendo verdaderamente un calvario, pero la ofrecemos en comunión con los sufrimientos de Cristo. Haití está en llamas y requiere ayuda con urgencia. ¿Quién vendrá a ayudarnos?», clamó con dolor.
En una carta dirigida a los religiosos y religiosas de la arquidiócesis, fechada el 30 de marzo, monseñor Mésidor describió la gravedad de la crisis en su diócesis:
«Estamos viviendo uno de los peores momentos de nuestra historia como pueblo. Para no echar sal en la herida, me abstengo de enumerar todo lo que están soportando como consecuencia de la inseguridad generalizada que ha afectado a nuestros compatriotas durante varios años. Sin embargo, no puedo evitar relatar algunos eventos de las últimas dos semanas: comunidades religiosas han sido desplazadas, muchas de sus escuelas están cerradas, hermanas ancianas y enfermas han tenido que ser evacuadas en plena noche, y congregaciones han tenido que abandonar sus casas de reposo sin un lugar donde alojar a las hermanas enfermas».
«La lista de congregaciones religiosas en dificultad es larga. No tengo palabras para describir lo que está ocurriendo actualmente en Puerto Príncipe. Es una realidad increíble. La vida consagrada participa activamente en el sufrimiento de nuestro pueblo», enfatizó el prelado en la misiva.
“El asesinato de las dos religiosas es una triste confirmación del tremendo sufrimiento que están padeciendo las congregaciones”, afirmó Mencaglia.
ACN también hace un llamado a la comunidad internacional para que no abandone a la Iglesia y al pueblo haitiano en estos momentos de angustia extrema.
“La situación exige respuestas concretas y solidarias. La Iglesia en Haití sufre, pero no pierde la fe”, concluyó el director de proyectos.