La generosidad de innumerables benefactores ha contribuido a que la Iglesia en Ucrania siga viva y en condiciones de continuar ayudando a quienes más sufren por la invasión a gran escala iniciada en 2022. Cuando, el 24 de febrero de 2022, comenzó este conflicto, millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares en busca de refugio.
Julia, quien huyó de Járkov con su familia, encontró amparo en un convento y describe su experiencia como un renacer:
“Durante más de un mes vivimos con la hermana Paulina y la hermana Bárbara, ante cuya hospitalidad yo me asombraba cada día. Empezamos a acudir a la iglesia cada semana (…) y yo mantuve conversaciones profundas y sinceras con las religiosas. Ese fue el mayor regalo en aquellos tiempos oscuros: un profundo despertar espiritual”.
La experiencia de Julia no es única; en todo el país, iglesias, monasterios, conventos y seminarios abrieron sus puertas para ofrecer ayuda inmediata y consuelo.
El impacto de la ayuda en cifras y acciones
En los últimos cuatro años, la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha financiado en Ucrania 1,256 proyectos, sumando un total de más de 30 millones de euros. Este apoyo ha sido fundamental para diversas áreas críticas:
Alimentación: Las Hermanas de la Caridad de Santa Isabel en Chornomorsk preparan 100 comidas calientes diarias y distribuyen paquetes de alimentos a familias, ancianos y soldados.
Salud y trauma: Financiamiento de gastos sanitarios por lesiones de guerra y programas de curación de traumas.
Infraestructura energética: Compra de generadores y combustible para enfrentar los gélidos inviernos bajo ataques constantes a la red eléctrica.
Movilidad: Adquisición de vehículos para que los agentes pastorales lleguen a las comunidades a su cargo.
Testimonios de gratitud y esperanza
Para quienes padecen la guerra psíquica y físicamente, esta ayuda proporciona la certeza de no estar solos. Las comunidades religiosas locales han enviado numerosos mensajes de agradecimiento que reflejan el valor de esta labor:
“Damos gracias a Dios cada día por todos los benefactores que nos permiten practicar la bondad y aportar normalidad en tiempos de guerra. El amor es más poderoso que el miedo y más fuerte que la muerte”, escriben las hermanas de Santa Isabel.
Desde la parroquia de San José de Nicolaiev, el padre Oleksander Ryepin destaca la transformación del sufrimiento:
“Nuestra misión es sencilla y profunda: aunar ayuda concreta con el Evangelio en acción, pues Dios está presente incluso en los gestos de ayuda más sencillos. Y así, poco a poco, ocurre algo extraordinario: el dolor no desaparece, sino que se transforma. Las lágrimas dejan de ser solo desesperación y se convierten en oración”.
Gracias a los benefactores de ACN, la Iglesia en Ucrania permanece disponible para servir a un pueblo que sufre, manteniendo viva la esperanza de que, como dice Julia al final de su carta: “La guerra tendrá un fin”.
