Cabo Delgado

Cabo Delgado: Los yihadistas buscan establecer un califato en el norte de Mozambique

Cabo Delgado sufre una grave crisis debido a los yihadistas artífices de una insurgencia en esta provincia septentrional de Mozambique, quienes están intentando establecer un califato a imagen del Estado Islámico, afirma Mons. António Juliasse, obispo de Pemba. En un mensaje enviado a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el obispo informó sobre la crudeza de la situación en el territorio:

“Las señales están todas ahí: hablan abiertamente de un califato. Cuando se encuentran con gente, cuando secuestran a víctimas, eso es lo que dicen, que están trabajando por un califato”.

La violencia anticristiana en Cabo Delgado

Los ataques yihadistas en la región comenzaron en 2017. Desde entonces, los combates han causado más de 6.300 muertes y han resultado en más de un millón de desplazados desde octubre de 2017. Al principio, los militantes atacaban principalmente edificios militares y gubernamentales, pero en los últimos años han adoptado una postura más específicamente anticristiana en esta provincia de Mozambique de mayoría musulmana.

Más de 300 católicos han sido asesinados, muchos de ellos decapitados, y al menos 117 edificios de la Iglesia han sido destruidos. Entre las pérdidas materiales se cuentan numerosas capillas y grandes iglesias históricas, como la de la misión de San Luis de Montfort, que databa de 1946 y que fue reducida a cenizas a finales de abril. Este nivel de violencia y la retórica anticristiana han comenzado a surtir un efecto negativo en la población en general.

“Lo que me preocupa es el discurso de odio que acompaña a toda esta violencia. Durante mucho tiempo, la religión fue uno de los factores que facilitaba la convivencia, pero ahora se está convirtiendo en un obstáculo, está empezando a dividir. Antes, en las aldeas de Cabo Delgado, los cristianos solían asistir a los funerales musulmanes y viceversa, pero ahora eso está empezando a cuestionarse, y no es culpa de los cristianos”.

El prelado concluye con severidad que este panorama es algo que debería preocupar de forma urgente al Gobierno y a toda la sociedad, antes de que sea demasiado tarde.

El silencio no es la respuesta, pero tampoco lo es la fuerza

Mons. António Juliasse declaró a ACN que, aunque el silencio pueda ser una señal de cautela, también puede interpretarse como una falta de interés por el sufrimiento de la población civil. El obispo insiste en que el silencio siempre es peligroso porque es difícil de interpretar y genera confusión. Por ello, sostiene la necesidad de afrontar la situación, alzar la voz, orientar a la gente y debatir este problema abiertamente como nación, argumentando que actualmente no se está gestionando de forma correcta.

No obstante, la Iglesia en Mozambique ha dejado claro que la fuerza militar no puede constituir la única solución al conflicto. Recientemente publicaron una nota pastoral en la que denunciaban la situación imperante en la zona, pero señalando caminos alternativos:

“No creo que la opción militar sea la única solución. Tenemos que encontrar otros caminos, incluido uno con el que Mozambique ya está familiarizado: el camino del diálogo. El pueblo de Mozambique necesita dialogar para que esta guerra pueda finalizar”.

Esto es especialmente importante para garantizar un futuro de coexistencia armónica, ya que muchos de los que están luchando en los bosques son originarios de Mozambique, son hijos de esta tierra y forman parte de ella. Aunque pueda haber algunos extranjeros entre las filas rebeldes, el obispo recalca que se necesita tener el valor de abordar esta situación mediante la palabra.

Los nueve años de insurgencia en el norte del país han pasado una enorme factura a la nación, la cual se posiciona como una de las más pobres del mundo. A pesar de que es una realidad que genera un profundo dolor, el obispo de Pemba pide no perder la esperanza. Por su parte, la fundación pontificia ACN continúa apoyando firmemente a la Iglesia de Mozambique frente a este desafío, proporcionando ayuda de emergencia, soporte psicológico y social, y contribuyendo activamente a reconstruir las infraestructuras dañadas.

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