Guerra en Tierra Santa

Guerra en Tierra Santa: «Nunca habíamos vivido algo así», dicen los cristianos

La guerra en Tierra Santa ha alcanzado un nivel de incertidumbre que empuja a muchos fieles a considerar el exilio definitivo ante el nuevo golpe a la estabilidad regional. George Akroush, director de la Oficina de Desarrollo del Patriarcado Latino de Jerusalén (LPJ), describe la situación actual como la peor experiencia de su vida, a pesar de haber sobrevivido a 14 conflictos previos en la región. Mientras Israel y Estados Unidos enfrentan las represalias de Irán, la comunidad cristiana vive bajo la amenaza constante de misiles y metralla que ya han alcanzado la Ciudad Vieja de Jerusalén y viviendas en Beerseba.

El impacto de la guerra en Tierra Santa en la vida cotidiana

Las represalias iraníes han trastornado profundamente el día a día de la antigua comunidad cristiana. En el norte, las regiones de Haifa y Galilea sufren el acoso de cohetes lanzados desde el sur del Líbano, afectando directamente a aldeas que, irónicamente, son mayoritariamente cristianas en ambos lados de la frontera.

«Intento aparentar delante de los niños que no tengo miedo, pero ésta ha sido la peor experiencia de toda mi vida. Nunca habíamos vivido nada parecido».

Ayuda humanitaria interrumpida

La guerra en Tierra Santa también ha provocado el cierre de los pasos fronterizos, dejando sin sustento a miles de palestinos de Cisjordania que trabajaban en Israel. George Akroush señala que el 40 % de los docentes y empleados de apoyo de las escuelas cristianas de Jerusalén provienen de Cisjordania y ahora no pueden acceder a sus puestos.

En Gaza, la situación es crítica. Desde el sábado 7 de marzo de 2026, no ha ingresado un solo cargamento humanitario, bloqueando suministros vitales como medicamentos y antibióticos. El Patriarcado Latino se ha visto obligado a poner en pausa proyectos educativos, como la reapertura de una escuela para 1,000 alumnos, debido a la falta de garantías de seguridad y canales de comunicación cerrados por las autoridades.

Vencer la desesperación

A pesar del panorama desolador, la Iglesia mantiene su compromiso de no abandonar a los más vulnerables. George Akroush explica que el LPJ continúa dando empleo a 60 personas en Gaza y mantiene refugio para unas 200 personas y 50 pacientes con necesidades especiales. Sin embargo, la parálisis del sector turístico ha llevado a muchos al borde de la desesperación, buscando activamente documentación para emigrar hacia Europa u otros países occidentales.

«El patriarca Pizzaballa suele describir la misión de la Iglesia en estos tiempos difíciles como un martillo neumático que golpea lenta y persistentemente la roca dura hasta que empieza a resquebrajarse. Cada servicio prestado (…) representa una nueva grieta en la roca de la desesperación».

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