Mayo es el mes en el que celebramos la vida y el amor incondicional.
Cuando pensamos en una madre, pensamos en refugio, en alimento, en la mano que cura la herida y en el abrazo que disipa el miedo.
Ese amor perfecto vive en la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia y madre nuestra, que nunca abandona a sus hijos frente a la cruz.
Hoy, ese mismo amor se hace presente a través de miles de religiosas y misioneras que, en los rincones más hostiles y olvidados del mundo, se convierten en madre para quienes lo han perdido todo.
Ellas renuncian a una familia propia para abrazar a los hijos que el mundo ha dejado atrás: a los desplazados, a los enfermos, a los que sufren en silencio.
Pero para seguir cuidando, protegiendo y sosteniendo vidas… necesitan de ti.
