Cada vocación debe cuidarse con sumo esmero, más aún en los países más desfavorecidos. Y ello implica hacer frente a gastos de alojamiento, de manutención durante su estancia en el seminario; proporcionar becas y ayudas a la formación; sostener a los instructores y financiar cursos y retiros espirituales, para su formación espiritual y su compromiso pastoral.