Cada día, miles de misioneros llevan la esperanza de Cristo a comunidades marcadas por la pobreza, la violencia, la persecución y el abandono.
En lugares donde pocos se atreven a llegar, los misioneros anuncian el Evangelio, acompañan a las familias, educan a los niños, visitan a los enfermos y sostienen comunidades enteras. Su presencia es un signo concreto del amor de Dios.
En Nigeria, Sudán del Sur, Pakistán, Tierra Santa o la Amazonía, miles de sacerdotes y religiosas continúan sirviendo a pesar de la guerra, la pobreza o la persecución. Mientras muchos huyen, ellos permanecen.
Únete en oración a la de miles de misioneros que, en medio de la dificultad, elevan su voz por paz, consuelo y esperanza.
Tu aporte se convierte en alimento para el hambriento, alivio para el enfermo y apoyo para comunidades enteras que luchan por salir adelante.
Gracias a tu ayuda, los misioneros pueden seguir acompañando, protegiendo y llevando esperanza a quienes viven en el abandono.
En muchos lugares del planeta, los religiosos y misioneros son quienes sustentan las comunidades más vulnerables llevando principalmente el amor de Dios, pero también asistencia, ayuda humanitaria y desarrollo social.
Con tu colaboración, se salvarán vidas y los más necesitados serán atendidos, porque la misión no es solo de algunos, es de toda la Iglesia.
Existen 1109 territorios de Misión. Se extienden por África y Asia las islas de Oceanía y América. El 37% de la iglesia universal es territorio de misión. Representan un tercio de la Iglesia católica. Aproximadamente el 44% del trabajo social y educativo de la Iglesia se desarrolla en los territorios de misión. El 45,70% de la humanidad vive en los territorios de misión.
¿Nos ayudas a sostenerles?
Un sacerdote en las Misiones atiende a más del doble de habitantes que un sacerdote de la Iglesia Universal. La fe y la entrega son inmensas, pero no bastan para comprar combustible, reparar el vehículo de la parroquia o tener un plato de comida tras un día agotador.
Sostener a un misionero es impactar positivamente en las comunidad donde actúan. ¡En muchos sitios ellos son la ÚNICA esperanza para aquellos que no tienen nada y a nadie!
«Sin su apoyo, la misión se seca»
— Misionero en Sudán del Sur
Medios de transporte
Una moto, una barca, una bici, incluso un burro, se convierten a veces en medios imprescindibles para llevar la Palabra de Dios a los lugares más recónditos. Los futuros sacerdotes necesitan vehículos para su trabajo pastoral desde el seminario: visitar a enfermos, cuidar a familias sin recursos, a ancianos que viven solos, impartir catequesis…
Formación y sostenimiento
Cada vocación debe cuidarse con sumo esmero, más aún en los países más desfavorecidos. Y ello implica hacer frente a gastos de alojamiento, de manutención durante su estancia en el seminario; proporcionar becas y ayudas a la formación; sostener a los instructores y financiar cursos y retiros espirituales, para su formación espiritual y su compromiso pastoral.
Construcción
Los futuros sacerdotes deben contar con instalaciones y condiciones de vida dignas para su formación académica y espiritual. Los seminarios tienen que hacer frente a la reconstrucción y mantenimiento de sus edificios, al acondicionamiento de habitaciones… y esto supone siempre un elevado coste al que muchas veces el centro no puede hacer frente.